Actividades preparatorias

Presentación VIII ENAPOL en la EOL

25 de octubre de 2016

Ernesto Sinatra

Voy a comenzar por agradecer a Flory Kruger su presentación, sus precisiones y ahora quiero presentarles, en esta primera parte, uno de los dispositivos de Escuela que volverá a tener un lugar central en nuestro próximo Encuentro Americano: las Conversaciones del ENAPOL. Como es sabido, cada Conversación está coordinada por un integrante de cada escuela uno de la EBP, uno de la NEL, uno de la EOL y se arman en torno de un tema que hemos extraído de nuestra convocatoria: "Asuntos de familia, sus enredos en la práctica". Esta vez contaremos con dieciséis conversaciones simultáneas, repartidas en dos bandas horarias de una hora y cuarenta y cinco minutos cada una. Voy a enumerarlas rápidamente:

  1. La familia, ficción necesaria: tradiciones, secretos…
  2. Asuntos de familia en el inconsciente
  3. ¿Qué "cosa" es un hermano?
  4. Transformaciones de la intimidad
  5. Nuevas configuraciones familiares: del padre a las parentalidades
  6. Las familias y las instituciones educativas
  7. Madres solas con hijos sin padres
  8. Violencia y segregaciones familiares
  9. La construcción de la adolescencia y las Tribus urbanas
  10. Chicos malos, niños solos
  11. Los gadgets en familia
  12. Leyes de identidad de género y matrimonio igualitario
  13. Efectos de la ciencia y de las técnicas de reproducción en las familias
  14. ¿Familias sustitutas?: instituciones comunitarias, religiosas, sectas…
  15. Síntomas familiares, familias sintomáticas
  16. Drogas en familia

Las Conversaciones, saben ustedes, constituyen un lugar privilegiado del lazo asociativo que ofrece el ENAPOL, ya que su convocatoria se halla dirigida no solo a los miembros, sino que además incluye a todos aquellos en vecindad con las Escuelas de la AMP, los que constituyen un firme soporte de su realización.

Las Conversaciones (que habrán de reflejar esta diversidad miembros, no miembros) se desarrollan en dos tiempos en los que se despliega el trabajo de Escuela. En el primer tiempo cada representante de cada Conversación (una mesa = una Conversación) elige a su vez un equipo –entre cinco y diez colegas– con el que elabora durante varios meses su investigación.

En el Encuentro habremos de disfrutar del segundo tiempo: en cada mesa se ofrece una puntuación –en diez minutos, a lo sumo– de la producción final de cada uno de los tres representantes de Escuela y sigue a continuación un debate, que sabemos enriquecedor, en el que se incluyan las aristas diferenciales y/o semejanzas en torno de cada tema.

Aclaración: los 48 trabajos habrán de publicarse previamente en forma completa en la página web, para poder ser leídos por todos los participantes del ENAPOL antes de la Conversación; este es un punto crucial. Próximamente, daremos a conocer los nombres de los colegas encargados de cada Conversación para que den lugar al armado de sus equipos de trabajo. Esperamos de allí recoger los efectos de un trabajo fecundo. Seguro que así será.

Ahora, paso a la segunda parte donde quiero transmitirles algo, al menos, de lo que evocó en mí esta presentación. Voy a comenzar con una cita de Jacques Lacan:[1]

Creemos que decimos lo que queremos, pero es lo que han querido los otros, más específicamente nuestra familia que nos habla. Este "nos" debe entenderse como un complemento directo. Somos hablados y, debido a esto hacemos de las casualidades que nos empujan algo tramado. Hay en efecto, una trama, nosotros la llamamos nuestro destino.

La nostalgia constituye una de las cicatrices del Nombre del Padre. Tal vez por eso, mientras preparaba mi presentación, acudieron yuxtapuestas –y sin convocarlas– un arsenal de imágenes y palabras atesoradas en mi niñez. Luego de desplegarse a su antojo en mi mente, ellas me han permitido transmitirles restos del imaginario social de la familia que me han atravesado, seguramente, como a algunos de ustedes.

Aparecieron entonces recuerdos de dos programas de TV nacionales: "La familia Falcón" y "Los Campanelli", ambos con sus personajes fijos y sus relatos híper morales acerca de la vida cotidiana de dos familias, una de clase media tradicional, la otra de inmigrantes… Y mientras recordaba, sonreía –arropado por esas imágenes–. Hasta que –de pronto– una inquietud se apoderó de mí a partir del recuerdo de una simple frase, repetida por el padre de "Los Campanelli" en ocasión del tradicional almuerzo de los domingos en familia: "¡No quiero escuchar ni el volido de una mosca!" Pero dije inquietud ya que esa frase atravesó ese contexto enunciativo y se ligó luego con otra, también escuchada –años después– ya no solo con hartazgo, sino con la fuerza de la indignación: "El silencio es salud". Con esa frase, en su simpleza, la dictadura militar en la Argentina puso en marcha su programa, no solo para hacer callar a todo un país sino, y muy especialmente, destinado al exterminio de una generación, a la destrucción sistemática de las familias en nombre de la "pureza familiar" que habría que preservar. La inquietante familiaridad de lo siniestro me sobrecogió, mis recuerdos se interrumpieron abruptamente y los nombres de los integrantes de una familia tomaban en mí ahora otra densidad: padres, madres, abuelas, ya no sonaban más igual.

Surgió en mí una interrogación: ¿cómo dedicarnos a los asuntos de familia sin re- producir las nostalgias y perplejidades que inducen los fenómenos que nos han atravesado? ¿Cómo dedicarnos a ellos?

Días después, aparecieron otras dos series de los 50, ahora norteamericanas: "Papá lo sabe todo" y "¿Pero es mamá quien manda?" Mientras las recordaba, con una sonrisa comprobé que no hacía falta llegar a Homero Simpson en los 80 para descubrir la caída del padre. Solo era necesario, me di cuenta cuando me escuchaba unir los nombres de esas dos series ("papá lo sabe todo pero es mamá quien manda") para descubrir allí la función del semblante paterno… Y sobre todo para comprender las condiciones de su eficacia, cuando el semblante paterno se haya sostenido por el deseo de una mujer-madre.
Se esclarece a la distancia el modo por el que la pareja-síntoma padre-madre sostuvo el semblante de la consistencia universal del padre en nombre de la familia… Y la época actual evidencia que cuando la mujer se desprendió de su tradicional armazón identitario –con la solución del hijo gozado como única solución al ser-mujer–, el padre cayó irremediablemente de su pedestal de cristal (aunque se lo creía de hierro). Digámoslo de una vez: la inconsistencia del Otro es isomórfica con la hendidura real del padre como tal. La familia –adjetivada– paterna se había instalado en esa hendidura, saturó esa hendidura con sus semblantes.

Pero ¿qué es la familia entonces, más acá de los fenómenos que la habitan –que nos habitan–? A desentrañar esta interrogación es a lo que nos dedicaremos en nuestro ENAPOL. Por mi parte arriesgaré una hipótesis: para cada uno la familia constituye el sitio inaugural donde se aloja un personaje decisivo, el Otro primordial, el Otro materno, ya que en la familia como sitio se inscriben las alianzas de sangre entre prójimos y semejantes –que denominamos relaciones de parentesco; allí nos espera el baño inaugural del lenguaje–.

Es decir que la familia –sean cuales fueren sus configuraciones– condensa siempre el lugar y el lazo. Por ello, y especialmente, en ella se inscriben como placa sensible las perturbaciones del lazo social, haciendo síntoma en la vida cotidiana. La violencia urbana y las segregaciones familiares –unos de los temas de nuestras conversaciones–, presentan diariamente nuevas víctimas. La actualidad del femicidio resuena en la Argentina de hoy desde un clamor social que irrumpe de modo drástico en los asuntos de familia: "¡Ni una menos!", grito de justicia –y advertencia– dirigido a los representantes de la pulsión de muerte para limitar el goce asesino.

En esta perspectiva, para nosotros, el femicidio es un nuevo nombre de un viejo problema que encontró la sanción legal que merecía: el retorno impotente del padre/hombre cuando no soporta lo hétero que actualiza una mujer. O –más precisamente– el intento de destruir en el Otro las marcas de la irremediable diferencia que la sexualidad humana impone en los modos de gozar.

La diferencia sexual, marcada por la función de la castración en cada Uno, es en estos casos rechazada y desplazada hacia el Otro femenino, transformando a las mujeres en el objeto del goce, en el kakón mismo; el mal a secas, eso que Lacan destacaba en el artículo de Guiraud sobre los "homicidios inmotivados": "lo que el alienado trata de alcanzar en el objeto al que golpea no es otra cosa que el kakón de su propio ser".[2]

El femicidio se emparenta así con el bullying: nuevo nombre del mismo kakón que golpea al otro con su burla, con sus golpes, para evitar confrontarse con el propio mal, es decir, con el propio goce. Creo que se halla aquí, de este modo escondido en la familia –aunque se encuentra ofrecido a todas las miradas– un secreto del psicoanálisis: el de su finalidad, el de su fin. Ya que al final del análisis –luego de procesar aquel baño de lenguaje mediante los murmullos de lalengua en cada cual–, la familia puede transformarse y tendrá la posibilidad de transformarse para cada uno en otra cosa. Si esto ocurre, cada personaje de la trama adviene, simplemente, el elemento de un conjunto: heteróclito, inconsistente; el que habrá sido reducido, luego de una extrañeza inquietante, a su entidad real de marca.

De este modo, abriendo la vía del sinthome –podríamos decirlo así– familia adviene las marcas del Otro en Uno. Aunque al enunciarlo así, casi, casi ¡habríamos hecho coincidir, previamente, "familia" con "fantasma"! Tal vez sea ése el secreto de la 'familia', aunque uno no lo sepa hasta el final de su análisis. Pasar del fantasma de la familia a las marcas del Otro en Uno, es el trayecto posible que ofrece cada análisis y consiste en 'librarse, después de haberlas recorrido' de las investiduras del sentido con el que cada Uno extraía el goce a partir del Otro con 'su pata' fantasmática en el Otro familiar.

Es este desprendimiento la operación de torsión que espera a cada uno en un análisis para reducir el goce de la familia en tanto Otro al goce singular de Uno, encausado por un deseo vivible.

Cito, para finalizar, la frase de Jacques-Alain Miller que disparó estos comentarios:

[...] no conformarse con ser hablado por su familia, sino reconocer su identidad sinthomal [...] ser su síntoma es librarse, después de haberlas recorrido, de las escorias heredadas del discurso del Otro.[3]

Ahora, acompañados por Flory Kruger junto con Ale Glaze y Vivi Mozzi (Directoras del VIII ENAPOL); más la activa participación de María Josefina (Pepita) Fuentes y Renato Andrade (Responsables por la EBP y la NEL, respectivamente) –cada uno de ellos acompañado por sus equipos de Escuela–; a los que se agregan los miembros de la Comisión Científica: Silvia Salman (EOL), Henri Kaufmaner (EBP) y Marcela Almanza (NEL). Junto con cada uno de ellos, solo nos queda invitarlos a integrar y consolidar la comunidad de trabajo que, a partir de este momento, damos por inaugurada.

Muchas gracias.

NOTAS

  1. Lacan, J., (2006), El Seminario, Libro 23, El sinthome, Conferencia Joyce el síntoma del 16 de junio de 1975, Buenos Aires: Paidós, p. 159.
  2. Lacan, J., (2008), Acerca de la causalidad psíquica, Escritos 1, Buenos Aires: Siglo veintiuno, p. 173.
  3. Miller, J.-A., (2013), El ultimísimo Lacan, Buenos Aires: Paidós, p. 140.