Prensa y difusión

#AsuntosEpistolares 7

Envía: Fernanda Mailliat

Querida Amélie Nothomb

Gracias por sus ánimos del 30 de abril.

Sherezade está bien, no se preocupe. Si ya no le hablo de ella es porque, por ese lado, nada ha cambiado.

Hemos recibido noticias de algunos soldados que han regresado hace meses. Resultan alarmantes. Lejos de atenuarse, los males psicológicos y físicos que padecían aquí, se han agravado.

Los médicos los vigilan y les hablan de su reinserción: es el mismo término que emplearían si saliéramos de la cárcel. Y, al parecer, los ex presidiarios se reinsertan mejor que nosotros. Son menos extraños que esto en lo que nos hemos convertido.

Nadie está tan loco como para querer regresar a Irak, pero los chicos dicen que su vida ya no está en USA. La desgracia es que no tienen ningún otro sitio donde ir. Dicen que ya no saben cómo vivir. Seis años de guerra han borrado todo lo anterior. Lo entiendo.

En varias ocasiones creo haberle escrito que deseaban regresar a América. Ahora, me doy cuenta de que se lo decía como una evidencia, pero que en realidad no había pensado de verdad en ello.

¿Qué encontraré en mi país? Aparte del ejército, nada ni nadie. Mis padres se avergüenzan de mí. He perdido la pista de los que fueron mis amigos, suponiendo que una misericordia compartida constituya ya una amistad digna de llamarse así. Y no olvidemos el detalle de mi peso. ¿Acaso deseas ver a alguien cuando has engordado 130 kilos? ¡130 kilos! Si pesara 130 kilos ya sería obeso. Pero no peso 130 kilos sino que ¡he engordado 130 kilos! Es como si me hubiera convertido en tres personas.

He fundado una familia. Sherezade y yo hemos tenido un hijo. Todo esto resultaría encantador si yo no fuera el único en constituir esta familia. Hola, chicos, os presento a mi mujer y a mi hijo, están calentitos, por eso no podéis admirarlos, he preferido guardármelos dentro de mí, resulta más íntimo, es más fácil también para protegerlos y para alimentarlos, no entiendo por qué os extraña, hay mujeres que amamantan a sus hijos, y yo he decidido alimentar a mi familia en mi interior.

En resumen, por primera vez descubro que ya no tengo ganas de volver. Odio estar aquí, pero por lo menos tengo un marco de vida y de relaciones humanas. No quiero ver la expresión de mis padres cuando me vuelvan a ver, no quiero oír lo que me dirán.

Una vez más, lo que me salva es mi proyecto artístico. Nunca le estaré lo bastante agradecido. Es la única dignidad que me queda. ¿Cree que mi padre y mi madre lo entenderán? Bueno, no debería hacerme esta pregunta. Uno no se hace artista para ser comprendido por sus padres. Eso no impide que piense en ellos.

Me da miedo que se burlen de mí. Si tuviera un agente o algo por el estilo me sentiría menos ridiculo. (...)

Melvin Mapple
Bagdad, 2009

Amélie Nothomb, Una forma de vida, Anagrama, 2012.