Prensa y difusión

#AsuntosEpistolares 16

Envía: Lorena Buchner

Mi madre envía cartas melancólicas. Me dejan culpable, criminal. Apenas no le escribo durante un mes que mi hermana envía mensajes trágicos preguntando por qué hago sufrir tanto a mamá. Esta ternura trasnochada, este amor súbito, me maniatan. Quieren enviarme dinero (hace como ocho meses que dependo de mí —!—) y yo no quiero, o sí quiero pero no quiero caer en lo de siempre. Lo de ahora es muy duro, no porque tengo que vivir sola y arreglármelas sola sino porque muchas cosas que yo creí que era no soy y muchas cosas que yo creí que podía hacer no puedo. Quiero decir que me reconozco torpe y limitada como todo el mundo y no el genio precoz a que estaba ("estábamos") habituada. Este esfuerzo de hacer mi pequeña vida, desrealizarlo de la misma manera en que hacen los otros implica una suerte de renunciamiento a algo fabuloso. De todos modos hay dos caminos: persistir la pequeña contemplada por las sombras o contemplar a mi vez sin pensar en ella ni en su fragilidad horrible. Es como ir por la calle y no ver y sentirse mirada, entonces hay un miedo de reina tímida, un terror. Pero aquí, a veces, en lo mejor de mí misma, soy yo la que mira a los otros y a las cosas. Entonces no hay miedo.

Carta Nº 13, de Alejandra Pizarnik a León Ostrov